25 jul 2010
nuestras miserias
Qué esfuerzo supone tener que cambiarlo todo, incluso lo que no nos gusta. Estamos completamente sujetos a la inercia de nuestro comportamiento. Nos empezamos a dar cuenta muy tarde, cuando ya es demasiado tarde, cuando ya hay poca cosa que hacer. Sabemos que refugiarse en la primera del plural no es justo, pero las miserias personales no lo son tanto si las compartimos, y así nos asustamos un poco menos de lo que somos o de lo que podemos llegar a ser. Decir que somos unos cobardes es mucho más llevadero que decir soy un cobarde, ¿o no?
Se dice que reconocer nuestra enfermedad es el primer paso para la incierta recuperación, pero hablar de nuestras miserias, sacarlas a la luz y compartirlas no se nos da muy bien. Nadie se atreve a hacerlo, primero a sincerarse consigo mismo y después con su prójimo. Todos vivimos sumidos en una farsa personal. Es así. Eso tampoco se puede cambiar. La sinceridad tiene unas fronteras infranqueables. Detrás de esas fronteras se halla la esencia verdadera de cada ser humano, pero nadie puede traspasarlas, ni siquiera nosotros mismos, porque nos da terror. Ni el más espiritual de los hombres se concede a si mismo una tregua para asomarse a su abismo particular, sabe que está ahí y con eso le basta, pero se lo traga y sigue con lo que estaba haciendo. Contemplamos el reflejo de nuestro rostro en las charcas, pero no sumergiremos la mano en el agua, porque sabemos que las ondas lo desfigurarán. Mejor dejarlo tal y como está, aunque no nos guste demasiado la imagen que vemos, siempre podría ser mucho peor, ¿o no?
20 jun 2010
Tampoco es para tanto
12 mar 2010
AL AZAR: Miguel Delibes

Hubo un tiempo en que éramos Gran Jefe, Moqui y Peq. Pasábamos mucho tiempo juntos y mucho compartimos, y seguimos haciéndolo, de otra manera, supongo que de eso se trata, espero que por mucho trecho también.
Y aquí el texto:

La portada:

Edited by JOSÉ AMOR Y VÁZQUEZ & RUTH H. KOSSOFF, Brown University.
Dravings by Miguel Delibes:

El interior de portada:

Dedicado al Triángulo!
4 ene 2010
Incendio

Danil Harms fue un escritor ruso allá por los años 20 del siglo pasado que no pudo ver publicada su obra en vida porque nunca consiguió el permiso del régimen soviético para la imprenta oficial.
Hizo incursión en muchos géneros, pero su obra es muy irregular: relatos cortos, piezas teatrales, poesía, epistolar, aforismos, autobiográfico, etc. (ver soneto). Esta viñeta pertenece a una serie de historias o chistes absurdos que Harms escribió sobre los grandes de la literatura rusa, como Pushkin, Lérmontov, Tolstoi, Gógol y Dostoiveski, el protagonista de esta viñeta. En esta tira, Dostoievski se encuentra con Petrashevski, que fue el cabecilla de una sociedad secreta que conspiró en los años 30 del siglo XIX contra el poder del Zar Nicolás I. Dostoievski participó en las actividades de esta sociedad y fue por ello arrestado y condenado a una falsa ejecución, pues en el momento último antes de su fusilamiento (ya estaba de pié, ante el pelotón de ejecución con los ojos vendados) le cambiaron la pena por una condena de 5 años en Siberia.
El proyecto de pasar estas anécdotas al cómic es de una editorial de San Petersburgo y lleva el título de "Harmsíada: Viñetas sobre la vida de los grandes", editada por Vladimir Lévtov, ilustrada por Aleksei Nikitin en 1998.

